viernes, 19 de julio de 2013

Usa la Ropa Adecuada


En Efesios 2:22 dice “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de nuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.”

El día que invitaste a Jesús a entrar a tu corazón,  fuiste nacida de nuevo por medio del Espíritu Santo. Por entrar a la familia Real del Rey de Reyes automáticamente te convertiste en una Princesa.

 Por lo tanto se te tenía preparada una entera colección de prendas  muy preciosas y de mucho valor, la cuales fueron pagadas con la Sangre Preciosa de Cristo, el Príncipe de Paz. Tienes muchas prendas hermosas  colgando en tu armario. Tienes preciosos vestidos de amor, gozo, paz, benignidad, bondad, fe, templanza y mansedumbre (Gálatas 5:22-23).

Tienes vestidos encantadores de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia, de soportar a tus prójimos y de perdón. Colosenses 3:12-17
Lo extraño del caso es que aunque a todas se nos ha dado esta hermosa colección de prendas hermosas y carísimas, casi nunca nos preocupamos o nos molestamos en usarlas.

 Estamos tan acostumbradas a usar nuestra vieja y descolorida ropa de la carne. Nos sentimos más cómodas con ellas. Por haberlas usado por mucho tiempo nos sentimos a gusto con ellas y pues decidimos seguir usando esa ropa  favorita aunque ya es vieja y descolorida en vez de lucir nuestros nuevos vestidos.

¡Usar un hermoso vestido de paciencia o benignidad nos hace sentir como extranjeras y extrañas pues no estamos acostumbrados a ellos!

¡Pero ellos te pertenecen! ¡Son tuyos!  Imagínate si tu padre o tu esposo comprara uno de esos vestidos carísimos para ti. ¡No podrías creer lo elegante que lucirías! Pero imagínate que nunca lo usaras.  Que si pensaras que fuera muy bueno para ti. ¿Cómo crees que se sintiera el que te lo compro después de pagar tanto por el y tanto quería vértelo puesto?

Me pregunto cómo se sentirá Dios cuando él nos ha dado esas hermosas prendas
 Pagadas con un precio enorme y nosotros nunca las usamos.
El nos las da pero él no las pone en nosotras. El nos dice que los usemos.
Vestíos del nuevo hombre”.


Asegúrate de ponerte uno de esos hermosos vestidos cada mañana.
¿Estás pasando a través de días frustrantes?  ¿Tuviste una mala noche y ahora  te sientes malhumorada e impaciente?  ¡Ponte el vestido de alabanza! (Isaías 61:1-3)

Déjame contarte un secreto. No  sentirás las ganas de ponértelo. Preferirías usar esos trapos viejos y descoloridos a los que estas acostumbradas que son queja y malhumor. Pero hazlo en fe. No te preocupes de cómo sientes. Ponte en tu vestido de alabanza. Comienza a alabar y a agradecer al Señor. ¡Si lo haces en fe, terminaras poniéndotelo!

Puedes cambiar de vestidos a medida que los vas necesitando durante el transcurso del día. ¿Hay algo que te está causando enfado? Sientes tu enojo subir. ¡Rápido! Ponte en el vestido de benignidad o de paciencia. Póntelo en fe.  Agradécele a Dios por su paciencia lo cual tienes porque El vive en ti.

¿Estas comenzando a gritar porque todo se te esta amontonando? Ponte el vestido de bondad. Agradece al Señor por su espíritu bondadoso el cual vive en ti. Este es el nuevo hombre. Es Cristo en ti, la esperanza de gloria. El vive en ti ahora.
Todos estos preciosos vestidos te pertenecen. Son todos tuyos. ¡Lo único que tienes que hacer es ponértelos en fe!

Rompe de una vez por todos esos vestidos viejos y descoloridos. Usa tus nuevos cada día. Vive en ellos. Deja que  la preciosa vida de Cristo sea vista  a través de ti.


Nancy Campbell
Traducido con permiso por
Silvia Pérez-Gingerich

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